TALLER DE CREACIÓN LITERARIA DE EL LLANO

Sesión del 1 de diciembre

En la sesión del día de hoy, tras la lectura y análisis de los microrrelatos escritos por las alumnas, trabajamos ejemplos de microrrelato de varios autores, como Kafka, Borges, Monterroso… El ejercicio consistía en deducir entre todos las características del microrrelato y ver la diferentes técnicas que se usan en su construcción.

Como ejercicio para la siguiente clase, el profesor propuso dos ejercicios, a elegir uno entre el alumnado. El primero consiste en escribir un microrrelato o varios aplicando las características vistas en clase y tendrá una extensión entre 100 y 120 palabras; por otro lado, el segundo ejercicio se basa en la redacción de un relato, con una extensión máxima de 3 caras, que parta de alguno de los microrrelatos expuestos en clase (el de las alumnas o el de los autores propuestos). En otras palabras, se debe desarrollar los microrrelatos en cuestión hasta convertirlos en un relato.

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TALLER DE CREACIÓN LITERARIA DE EL LLANO

Microrrelatos (sesión del 1 de diciembre)

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fui al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta y le pregunté al sirviente qué significaba. Él no sabía nada ni escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó:

—¿Adónde va el patrón?

—No lo sé —le dije—, simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta.

—¿Así que usted conoce su meta? —preguntó.

—Sí —repliqué—, te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta.

La partida, Franz Kafka

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

Un sueño, Jorge Luis Borges

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

La manzana, Ana María Shua

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

El dinosaurio, Augusto Monterroso

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

Amor 77, Julio Cortázar

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

Carta del enamorado, Juan José Millás

Recorro su cabecita con mis membranosas manos, ella acaricia las escamas de mi piel. Desde el agua, la observo caminar en soledad por la orilla del estanque, sabiendo que el tiempo que nos queda es escaso. Con cada tic-tac del reloj, Ana se separará un poco más de mí. Siento cómo me abandona, cómo olvida incluso mi nombre. Me agobia no poder seguirla hasta el final del trayecto, mas no hay lugar para alguien como yo en aquello que llaman madurez. ¿Qué ocurrirá cuando la única persona que sabe que existo deje de pensar en mí? Supongo que entonces seré yo quien necesite un amigo imaginario.

Su madurez, mi olvido, Ainara Fernández Martínez

Puro código y algoritmos es el pulso de su cuerpo, metálica canción el trastabillar de sus pasos, fría su caricia en mi piel… Pero el sentir de las palabras que me llora todavía tienen el regusto de los días en los que mi mujer no fue víctima de mi inventiva ambición.

Inventiva, Ricardo Jurado

CLA DE EL LLANO

Estamos leyendo… Trigo limpio

Veinticinco años después de protagonizar una gamberrada que marcará el transcurso de la vida de un grupo de amigos, el narrador sin nombre de esta novela recibe un mensaje de Simón, un antiguo miembro de la pandilla con una propuesta inesperada: ¿por qué no escribes sobre nosotros?, ¿sobre lo que nos sucedió? Pero cuando el narrador intenta conectar con Simón descubre que desapareció hace varios años.

Como una falsa novela de detectives, Trigo limpio sigue los pasos de un escritor dispuesto a cualquier cosa para darle forma a la novela perfecta mientras investiga sobre un pasado que poco se parece a lo que recuerda de su infancia perdida en un barrio periférico de Almería. Un juego literario en el que el lector está invitado a conectar las piezas de un hábil rompecabezas.

Armado con un inteligente sentido del humor y dispuesto a saltarse todas las fronteras entre la realidad y la ficción, Juan Manuel Gil ha obtenido el Premio Biblioteca Breve 2021 con este lúcido homenaje al poder universal de contar historias y al refugio que supone la lectura.

La próxima sesión será el martes 20 de diciembre a las 19:00 horas.

CLA DE EL LLANO

Juan Manuel Gil

Juan Manuel Gil nació en Almería, en 1979. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, formó parte de la primera promoción de residentes de la Fundación Antonio Gala de Córdoba, en el curso 2002-2003.

Con su primer libro, Guía inútil de un naufragio (2004), obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía. Desde entonces se ha centrado en la novela: Inopia (2008), Las islas vertebradas (2017) y Un hombre bajo el agua (2019). Es autor, además, de dos volúmenes de difícil clasificación: Mi padre y yo. Un western (2012), que le valió el Premio Argaria, e Hipstamatic 100, una recopilación de textos en los que mezcló vida y actualidad.

En febrero de 2021 obtuvo el premio Biblioteca Breve de novela, galardón convocado por la editorial Seix Barral, por su novela Trigo limpio. El jurado estaba compuesto por los escritores Pere Gimferrer, Enrique Vila-Matas, Ana Merino y Raquel Taranilla, así como por la directora de la editorial, Elena Ramírez.

Además de su trabajo como escritor, colabora en diversos periódicos como columnista y es profesor de Lengua y Literatura en un instituto de su ciudad natal, Almería.

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Textos para la sesión del día 17 de noviembre

El alcalde, único funcionario, máxima autoridad y representante de un poder demasiado lejano como para provocar temor, era un individuo obeso que sudaba sin descanso.

Decían los lugareños que la sudadera le empezó apenas pisó tierra luego de desembarcar del Sucre, y desde entonces no dejó de estrujar pañuelos, ganándose el apodo del Babosa.

Murmuraban también que antes de llegar a El Idilio estuvo asignado en alguna ciudad grande de la sierra, y que a causa de un desfalco lo enviaron a ese rincón perdido del oriente como castigo.

Sudaba, y su otra ocupación consistía en administrar la provisión de cerveza. Estiraba las botellas bebiendo sentado en su despacho, a tragos cortos, pues sabía que una vez terminada la provisión la realidad se tornaría más desesperante.

Cuando la suerte estaba de su parte, podía ocurrir que la sequía se viera recompensada con la visita de un gringo bien provisto de whisky. El alcalde no bebía aguardiente como los demás lugareños. Aseguraba que el Frontera le provocaba pesadillas y vivía acosado por el fantasma de la locura.

Desde alguna fecha imprecisa vivía con una indígena a la que golpeaba salvajemente acusándola de haberle embrujado, y todos esperaban que la mujer lo asesinara. Se hacían incluso apuestas al respecto.

Desde el momento de su arribo, siete años atrás, se hizo odiar por todos.

Llegó con la manía de cobrar impuestos por razones incomprensibles. Pretendió vender permisos de pesca y caza en un territorio ingobernable. Quiso cobrar derecho de usufructo a los recolectores de leña que juntaban madera húmeda en una selva más antigua que todos los Estados, y en un arresto de celo cívico mandó construir una choza de cañas para encerrar a los borrachos que se negaban a pagar las multas por alteración del orden público.

Su paso provocaba miradas despectivas, y su sudor abonaba el odio de los lugareños.

Fragmento del capítulo II de Un viejo que leía novelas de amor, Luis Sepúlveda

ALFONSO. Sí, respetable Veremundo; hoy mismo

de las murallas de Gijón me ausento,

donde tanta flaqueza y tanto oprobio

mis indignados ojos están viendo.

El moro triunfa, los cristianos doblan

a la dura cadena el dócil cuello,

sin que uno solo a murmurar se atreva

de opresión tan odiosa. No: aunque en medio

de esta vil muchedumbre apareciese

del gran Pelayo el animoso aliento;

en vano a libertad los llamaría,

ya nadie le entendiera.

VEREMUNDO. Él en el seno

de la etérea mansión goza sin duda

la palma que a los mártires da el Cielo

en el premio a su virtud. Fiero, incansable,

los llanos de la Bética le vieron

casi arrancar él solo la victoria,

que vendió la perfidia al agareno.

Él atajó el raudal a la fortuna

del soberbio Tarif, cuando en Toledo

del victorioso ejército sostuvo

la terrible pujanza un año entero.

De igual valor fue Mérida testigo;

hasta que puesta su cabeza a precio

por el infame Muza; y escondido

desde entonces su nombre en el silencio,

ni de él ni de Leandro el hijo mío

la fama volvió a hablar.

Fragmento del primer acto de la tragedia Pelayo, Manuel José Quintana

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Sesión del 17 de noviembre

En la sesión del día de hoy, tras la lectura y análisis de los textos escritos por las alumnas, trabajamos los diferentes tipos de mirada que puede adoptar el narrador en relación con los personajes. Estas son desde abajo, cuando el personaje tiene características divinas; de pie, cuando narrador y personaje están en igualdad de condiciones; y desde arriba, cuando el personaje es caracterizado como un ser despreciable, rozando lo animal. Como ejemplos utilizamos un fragmento de Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda y otro de la tragedia Pelayo de Manuel José Quintana. Con ellos, se habló del tipo de mirada desde arriba y desde abajo, respectivamente.

Como ejercicio para la siguiente clase, el alumnado tiene que escribir un microrrelato, de tema libre y de 120 palabras como máximo. El único requisito es que se incluya un giro sorprendente (plot twist en inglés) hacia el final, para generar así sorpresa en el lector.

Además, el profesor propuso a las alumnas que participasen en el concurso de microrrelatos que organiza la cadena SER semanalmente. No obstante, la participación no es de carácter obligatorio.

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Textos para la sesión del 3 de noviembre

A propósito de estas primeras pequeñas aventuras unilaterales, la más terrible y risible se produjo en ocasión de una carrera endiablada, suicida, a la cual se lanzó Teresa con su Floride cierta noche que regresaban a la ciudad por la autopista de Castelldefels. Habían salido simplemente a dar un paseo, a última hora de la tarde, pero Teresa se había animado a ir lejos y cuando volvían era noche cerrada. Teresa llevaba una blusa a rayas de cuello corto y un rojo pañuelo de seda que flotaba al viento con sus cabellos. Tenía la radio encendida y se oía un cha-cha-cha. El murciano, que nunca había experimentado la emoción de la velocidad en un coche sport, miraba alternativamente el haz de luz de los faros sobre el asfalto, el cuentakilómetros (la aguja pasaba ya de los ciento veinte) y el delicioso perfil de Teresa, mientras con una mano se agarraba firmemente al cristal delantero, y mantenía el otro brazo sobre el respaldo del asiento de la muchacha. «¿Te gusta correr?», le gritó Teresa. Él asintió vagamente con la cabeza. Sentía en las sienes el golpeteo de su propio cabello atezado y en el rostro la furia del viento pegándose, adhiriéndose a la piel como una máscara cálida, mientras que en alguna parte un dulce zumbido iba en aumento y lo llenaba todo. La velocidad era cada vez mayor, y el zumbido se hacía cada vez más agudo y delgado, subía, subía primero por su vientre y luego por su pecho y de pronto inundó sus sentidos y se diluyó en una plenitud silenciosa, sideral, en una pueril emoción de luz de luna, de ingravidez… Pero Manolo desconfiaba de las emociones mecánicas (recordó oscuramente que una vez el Cardenal le habló de ciertas máquinas tragaperras que echándoles una moneda se la cascan a uno, en los Estados Unidos, debía ser un chiste) y sospechó que todo se había confabulado para aturdirle: la luna y las estrellas y la noche tan azul derramaban promesas engañosas. Su habitual desenvoltura en torno a la hembra no había previsto este ataque traicionero, esta borrachera de los sentidos, y por vez primera en la vida se sintió frágil, pequeño, vulnerable y oscuramente sucio, vencido de antemano por aquella hermosa fuerza conjunta (automóvil-ricamuchacha-cha-cha) que le lanzaba a través de la noche a velocidades de vértigo. No supo lo que fue, si el perfil adorable de Teresa con los labios entreabiertos y los rubios cabellos al viento, flotando trenzados con el rojo pañuelo (una llama fulgurante en la noche) o el ardiente roce de las caderas, o tal vez la misma velocidad, aquel vehemente zumbido que era la plenitud de algo, pero lo cierto es que en un momento dado, súbitamente, un júbilo sordo, un dulce vacío en la médula (¡para, loca, despacio!) una excitación que nunca en la vida había experimentado y un ardor punzante produjo el segundo y definitivo cambio en sus sentidos: un brusco taponamiento en los oídos, mientras ingresaba en alguna región etérea y echaba suavemente la cabeza hacia atrás (¡para, nena, para!) y miraba el firmamento, y la música del cha-cha-cha envolvió su cabeza y flotó, y se estremeció, y creyó disolverse allí mismo… en el preciso momento en que Teresa (oh niña ingrata) frenó bruscamente al borde del autopista y, con gesto desfallecido, ella también, apoyó la cabeza despeinada en el volante y dejó escapar un profundo suspiro.

Fragmento de Últimas tardes con Teresa, Juan Marsé

Una tarde, el primer verano de Susanna, Agnes percibe un olor nuevo en la casa.

[…]

Es un olor fuerte, acre, como de alimentos podridos o sábanas sin orear. No lo había notado nunca. Si tuviera color sería verde grisáceo.

[…]

¿Qué es? Huele a flores marchitas, a plantas que llevan demasiado tiempo en el agua, a estanque podrido, a liquen húmedo. ¿Habrá algo en la casa que se esté pudriendo?

[…]

También sabe que ese olor, ese aire podrido, no es algo físico. Tiene un significado. Es una señal, una señal de algo… algo malo, algo que no está bien, algo discordante en la casa. Lo nota, crece y medra en alguna parte como el moho del revocado en invierno.

[…]

[El padre de Susanna entra.] Agnes se da cuenta de que él coge una taza, la llena de agua de la jarra, la bebe, y después bebe otra y otra más. Da la vuelta alrededor de ellas y se deja caer en la silla de enfrente.

Agnes lo mira. Nota su propia respiración, aire que entra, aire que sale, como un árbol al viento. Vuelve el olor amargo y húmedo. Es más fuerte. Está ahí, delante de ellas. Sale de él como humo, se acumula encima de su cabeza en una nube verde grisácea. Lo lleva consigo, es como si el olor lo envolviera, como bruma. Es como si le saliera de la piel. Examina a su marido. Parece el mismo de siempre. ¿O no? A pesar de la barba, lo ve demacrado, pálido como el pergamino. Tiene los párpados hinchados y las ojeras moradas. Parece que mira por la ventana, pero en realidad no lo hace. Es como si no viera lo que tiene delante. Una mano reposa en la mesa, entre los dos, llena de aire vacío. Se diría que es un hombre dibujado sobre un lienzo fino, sin nada detrás; como si le hubieran chupado el espíritu o se lo hubieran robado por la noche.

Fragmento de Hamnet, Maggie O’Farrell

TALLER DE CREACIÓN LITERARIA DE EL LLANO

Sesión del 3 de noviembre

En la sesión del día de hoy, tras la lectura y análisis de los textos escritos por las alumnas, trabajamos la inmersión emocional, poniendo como ejemplos un fragmento de Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé y otro de Hamnet de Maggie O’Farrell.

Como ejercicio para la siguiente clase, el alumnado tiene que escribir un texto, en el género literario de su elección, en el que la voz narradora sea testigo de una persona y empiece a elucubrar sobre ella. Es preciso que se den los máximos detalles sobre esa persona (ambiente, descripción física, qué piensa, su olor, qué transmite al observador, de dónde viene, a dónde va…).

Para hacer más ilustrativo el ejercicio, profesor ejemplificó con la siguiente idea: «estáis en un vagón de tren y os imagináis la vida de la persona que viaja delante de vosotros».

La extensión máxima será de 3 caras (un folio y una cara del siguiente).

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Sesión del 20 de octubre

En la sesión del día de hoy, tras la lectura y análisis de los textos escritos por los alumnos, trabajamos el simbolismo en la literatura, entendido este como procedimiento estético.

Se explicó la importancia de esta característica en el relato y se ejemplificó con el poema de Antonio Machado Las ascuas de un crepúsculo morado… y un fragmento del capítulo III de La Regenta de Clarín.

Como ejercicio a realizar en casa se escribirá un texto, en el género literario de la preferencia del alumnado, que transmita una emoción positiva y utilizando palabras que evoquen dicha positividad.

Para que resulte más fácil, se puede tomar el poema de Machado de ejemplo, es decir, escribir una “contestación” con palabras que emanen positivismo en vez de sentimientos funestos, como en la composición del sevillano.

El tema es libre y tendrá una extensión máxima de una 1 línea y una extensión máxima de 3 caras (un folio y una cara del siguiente).

CLA DE EL LLANO

Estamos leyendo… Un verdor terrible

Por estas páginas desfilan descubrimientos reales que forman una larga cadena perturbadora: el primer pigmento sintético moderno, el azul de Prusia, creado en el siglo XVIII gracias a un alquimista que buscaba el Elixir de la Vida mediante crueles experimentos con animales vivos, se convierte en el origen del cianuro de hidrógeno, gas mortal que el químico judío alemán Fritz Haber, padre de la guerra química, empleó para elaborar el pesticida Zyklon, sin saber que los nazis acabarían utilizándolo en los campos de exterminio para asesinar a miembros de su propia familia. También asistimos a las exploraciones matemáticas de Alexander Grothendieck, que le llevaron al delirio místico, el aislamiento social y la locura; a la carta enviada a Einstein por un amigo moribundo desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial, con la solución de las ecuaciones de la relatividad y el primer augurio de los agujeros negros; y a la lucha entre los dos fundadores de la mecánica cuántica, Erwin Schrödinger y Werner Heisenberg que generó el principio de incertidumbre y la famosa respuesta que Einstein le gritó a Niels Bohr: «¡Dios no juega a los dados con el universo!»

La literatura explora la ciencia, la ciencia se convierte en literatura. Benjamín Labatut ha escrito un libro inclasificable y poderosamente seductor, que habla de descubrimientos fruto del azar, teorías que bordean la locura, búsquedas alquímicas del conocimiento y la exploración de los límites de lo desconocido.

“Labatut penetra el corazón de una realidad que pocos han visto antes que él, y que nadie ha descrito de esta manera. Un libro de terrorífica belleza” (Wolfram Eilenberger, autor de Tiempo de magos).

La próxima sesión es el martes 22 de noviembre, a las 19.00.